
Soy ferviente seguidora y lectora de Julia Navarro desde que leí su primera novela, La Hermandad de la Sábana Santa. Esta periodista con otros títulos, de los llamados serios en su haber, ha conquistado el terreno de los best-sellers en pocos años con obras muy entretenidas. La Biblia de Barro y La Sangre de los Inocentes figuran por tanto entre los libros más vendidos de la década y entre mis favoritos también. Criticada por su pobre y descuidada narrativa no puede dejar de ser elogiada por su capacidad de atrapar al lector y de hacerlo sumergirse en sus argumentos realmente adictivos.
Dime Quién Soy nos cuenta la intensa vida de Amelia Garayoa a través de la investigación de su bisnieto Guillermo, periodista casi en paro que recibe la propuesta de escribir la biografía de su desaparecida bisabuela, de la que sólo conoce el nombre de pila y la fecha de su huida. Guillermo se ve obligado a reconstruir toda la historia desde ese momento y de forma lineal viajando a todos los puntos del mapa que Amelia visitó durante su azarosa vida y entrevistándose personalmente con todos los personajes que pueden ofrecerle sus recuerdos y pruebas sobre la historia de una mujer que vivió todos y cada uno de los grandes momentos de la Historia del siglo XX: la dictadura Stalinista, la Guerra Civil española, la Italia de Mussolini, el nazismo, la Guerra Fría…
A través de sus más de mil páginas, Julia Navarro ofrece muchas emociones a sus lectores, buenas y malas. La novela tiene dos grandes inconvenientes bajo mi punto de vista, además del ya mencionado problema de la autora con su forma descuidada de escribir. El primero de todo es la falta de credibilidad estilística de los personajes. Todos se expresan igual, desde la criada vasca que apenas si sabe leer, al Doctor en Historia o a las prisioneras del campo de concentración nazi.
El segundo inconveniente es la linealidad de la investigación. Guillermo se ve obligado a saltar de un lado a otro del mundo para entrevistarse personalmente con cada uno de los testigos de la historia. No se le permiten las entrevistas telefónicas, ni por escrito, y lo más enervante de todo es que no se le adelanta ni un ápice de información, con lo que se ve obligado a volver a hablar en distintas ocasiones con la misma persona. Un recurso narrativo raro y sin ningún sentido.
Obviamente no todo es malo. Julia Navarro utiliza un lenguaje claro, directo, llano y sencillo que todos podemos seguir, lo que hace que leer sus novelas resulte fácil, a pesar de su extensión. Sus personajes son creíbles, aunque todos se expresen igual, no son seres extraordinarios, ni buenos ni malos y a la mayoría de ellos podemos sentirlos cercanos.
A través de una historia bien hilada, aunque me hayan puesto nerviosa las interrupciones temporales, la autora nos ofrece una panorámica del siglo pasado haciendo especial hincapié en los regímenes totalitarios, recordándonos una vez más los desmanes cometidos y haciéndonos recapacitar una y otra vez sobre la maldad humana, y sobre la bondad también. Porque Amelia Garayoa es una mujer muy buena que comete terribles errores en su vida de los que, a pesar de arrepentirse, no se puede librar, no termina nunca de pagar.
Es además una luchadora por la libertad con sus ideas, que no ideales, bien claras y con la línea que separa el bien y el mal marcada en el corazón. Es también una mujer enamorada y fiel a sus sentimientos a pesar de su azarosa vida sentimental. Y es sobre todo, una persona cercana, hacia la que es difícil no sentir atracción.
Puede que el mensaje de toda la novela sea que no podemos volver al pasado a arreglar los errores cometidos pero que el futuro nos brindará las oportunidades para enmendarlos, o no. Pero con mensaje o sin él, os recomiendo este libro con la total seguridad de que os va a hacer este verano más agradable y de que os va a mantener entretenidos, enganchados y encantados de estar leyéndolo. A pesar de lo que pesa.















































